Acepté encantado; era un
reto nuevo en mi vida, pero la meta de dirigir un viaje espacial en
circunstancias tan especiales, me motivaba mucho y sobremanera.
Un insignificante hijo de
Puno pilotando una nave espacial en la inmensidad del Universo, me hizo recordar
muchas cosas, que jamás puedo olvidar:
- - Mi madrecita
inca, de las Islas flotantes del Titicaca;
- _ mi amante imposible, Fátima, la pastora de llamas;
- _ Laura, la niña trasparente, que me acompañó desde el Altiplano
andino hasta los Dibujos de Nazca;
- - mi madre adoptiva, que hizo posible este futuro;
- - tantas personas, lugares y acontecimientos, que me dan
amor y compañía sin límite, cada día.
Ya lo se; no tengo mérito
algunos por mi parte; sólo soy un milagro viviente, perdido en el caos de un
Cosmos ordenado y sincronizado, energéticamente, con sabiduría infinita.
Todos soñábamos con un
viaje que iba a ser tan único como nuestra vida misma; 50 señoritas y 50
jóvenes, llenos de proyectos, ilusiones y sueños, de cien planetas diferentes,
ante el reto de visitar una realidad, cuyas características eran similares y diferentes
a todo lo que hasta ahora habíamos conocido.
La aventura suponía el
riesgo de no llevar con nosotros alimento alguno; debo refrescar sus memorias a
los que me han seguido ya desde el principio, todos hemos superado la necesidad
de ingerir comida, sólo con ver los alimentos y con desearlos, satisface el
apetito y nos reporta toda la energía necesaria.
Se aligera el equipaje y
el trasporte de viandas y bebidas, así como el uso de higiénicos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario